Café en cápsulas: Perjuicios y daño ambiental

El sector del café en cápsulas sigue creciendo y alcanza casi el 37,7% de los consumidores que poco a poco se están apuntando a la moda de este café.

Su éxito no sólo es por la facilidad de uso ola variedad de opciones que tienen, sino también de como han enfocado la estrategia de marketing. Se han dirigido a públicos diferentes, con distintos tipos de cafés que han llegado a enganchar a personas que no tomaban anteriormente café.

En cuanto al contenido nutricional del café (hidratos de carbono, grasas y proteínas) tampoco es muy relevante. Lo que sí resulta interesante es su contenido bioactivo (como la cafeína) por sus efectos fisiológicos y aquí es donde puede ser muy variable dependiendo de la variedad de grano o método de preparación.

Debido a la alta demanda de café en monodosis, el mercado se va ampliando y cada vez podemos escoger entre más variantes del mismo pero ahí es donde se introducen otros ingredientes (que nosotros no usaríamos para hacer un café) y los estamos incorporando a nuestra dieta. Por ejemplo, en los famosos macchiatos, mochas o lattes, el café es insignificante y pueden llevar nata, grasa de coco… (que puede llegar a ser el 30% del contenido de la cápsula). Es por ello que siempre que podamos debemos fijarnos en la lista de ingredientes puesto que se cuelan productos insanos dentro de estas cápsulas de café.

¿Presentan contaminantes?

Sí, debemos mencionar dos compuestos que son cancerígenos y pueden aparecer en todo tipo de cafés (a parte del de cápsulas) que son el furano y la acrilamida.

El furano se puede encontrar además de en el café, en alimentos enlatados, de bote y es considerado como ‘posible carcinógeno’. Es un compuesto muy volátil por lo que, la manera en la que se preparen los alimentos determinará su concentración final. Esto significa que a mayor contacto con el aire, menos cantidad de furano habrá. Por ello, el café de puchero tiene menos cantidad de furano que los preparados en filtro o el café monodosis ya que éstos están aislados de la atmósfera hasta su consumo.

La acrilamida se considera un compuesto ‘probablemente carcinógeno’. Aparece cuando se calientan alimentos con azúcares reductores y aminoácidos por encima de los 120ºC. Esto incluye procesos como la fritura, tostado u horneado de variedad de productos como el café. A esto hay que añadir que durante el tostado del café, éste pierde calidad y es complicado disminuir la cantidad de acrilamida sin que afecte negativamente a las propiedades del café.

Ambos compuestos (furano y acrilamida) se consideran preocupantes para la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), sin embargo el café es uno más de los alimentos que nos exponen a estos compuestos (y la contribución del café en cápsulas es muy variable).

Daño medioambiental

Cuando hablamos del café en cápsulas y su impacto medioambiental tenemos que tener en cuenta varios factores. El más importante de todos es el material con el que fabrican las cápsulas que contienen el café, compuestas principalmente por aluminio y distintos tipos de plástico. Materiales cuyo reciclaje es limitado y que obligan a los consumidores a acudir a puntos limpios o a las propias marcas a realizar iniciativas para su recogida y posterior reciclaje. Pero si hablamos de sostenibilidad tenemos que tener en cuenta otros procesos como el de transporte, fabricación o logística. Todo ello conlleva una huella medioambiental superior a la del café tradicional, que al no venir comprimido no precisa de tantos materiales contaminantes.

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